By emma de León |

Una puerta abierta

 

Mi nombre es Esther.

Estoy casada y soy madre de un niño de 8 años. Nací en una familia cristiana y estudié en un colegio religioso. Siempre he sido creyente e incluso durante muchos años practicante pero como en otros tantos casos que conozco, a partir de la confirmación, empecé a descuidar mi vida espiritual, casi sin darme cuenta, quizás porque no tuve la suerte de pertenecer a una parroquia que supiera dar respuesta a las necesidades de los más jóvenes y abrirnos otros caminos para seguir creciendo en la fe en la edad adulta.

Es por esto por lo que, a pesar de haber tenido siempre presente a Dios en mi vida, han sido muchos los años en los que mi participación en y para con la iglesia ha sido bastante escasa...

 

De hecho, hasta que mi hijo empieza su primer curso de catequesis, tarea que en nuestra parroquia es compartida con las familias, no soy consciente ni de lo alejada de Dios que me encuentro ni de la necesidad que tengo de volver a encontrarme con él.

Si para cualquier padre es importante compartir los primeros pasos de un hijo, para mí, el tener la oportunidad de compartir esos primero pasos en la fe de mi hijo, fue definitivo. empecé a sentir una necesidad profunda de acercarme a Dios y de conocer mucho más de cerca esa figura de Jesús, como amigo, que mi hijo empezaba a conocer.

Después de ese primer curso, nuestro párroco planteó un plan de corresponsabilidad, corresponsabilidad con Cristo, con la familia y con la Iglesia, a través del cual nos daba la oportunidad de participar activamente en la vida de la parroquia. Para mí fue como una puerta que se abría y me acercaba al camino que, durante tanto tiempo, y casi sin saberlo, llevaba buscando. Me comprometí con diferentes grupos de voluntarios que se pusieron en marcha y empecé a compartir una vida parroquial que nunca antes había vivido.

Al llegar la Navidad, recibí un regalo de nuestro párroco en forma de librito titulado "¿Por qué la Navidad?" acompañado de la invitación al curso Alpha.

Sentí curiosidad por saber qué era aquello, así que me informé a través de internet. Al ver los temas a tratar y la dinámica de las sesiones, me pareció que sería muy interesante y una oportunidad perfecta para acercarme más y conocer mejor a Jesus. Al principio me resultó difícil hablar con desconocidos de temas como los que plantea Alpha, pero a medida que avanzaron las sesiones, y gracias a todos los que formaron el equipo de Alpha, se fue creando el clima perfecto para hablar de Jesús, con más confianza.

De hecho, son diez sesiones muy intensas que, para mi culminaron con el fin de semana del encuentro con el Espíritu Santo, un gran desconocido para mí.

Recibir al Espíritu, sentir su fuerza y la oración de los responsables de mi grupo, me removió todo por dentro. Es como si recibes un tesoro, una noticia tan grande que no te lo puedes guardar solo para ti, sino que sientes la necesidad de salir corriendo para contárselo a los demás y de compartirla.

Por todo ello, solo puedo decir que Alpha ha cambiado mi vida: mi forma de relacionarme con Jesús, la necesidad de encontrarme con Él, sentirlo presente en cada momento de mi vida.

Al mismo tiempo, por primera vez me siento parte de una comunidad formada por grandes personas, de las cuales ahora, algunos son verdaderos amigos. Y no se trata de una amistad cualquiera, sino una amistad basada en algo muy grande, el amor a cristo que compartimos,

Ahora no me siento sola. Me siento parte de una familia. en las dificultades, sé que todos estamos ahí para apoyarnos, para darnos ánimo, para orar todos juntos, y los unos por los otros, para pedir y recibir juntos el Espíritu de Dios que es quien nos llama y nos envía a cumplir otras misiones.

En mi caso, sigo con el voluntariado, y además ahora soy catequista. He sentido que Él quiere que vaya a llevar su buena noticia a otros niños, y eso me hace muy feliz.

Espero algún día poder ser capaz de transmitir esa felicidad a cuantos me rodean.

Por último, decir que Alpha sólo es un comienzo, es el primer paso, la puerta que te abre un mundo de nuevas posibilidades, por eso debemos seguir trabando por Él y para Él, comprometernos fielmente con Él y ser consecuentes y responsables en nuestra vida con lo que Él quiere de nosotros.

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