¡No estamos abandonados!

Francisco Javier nos cuenta su historia. El Señor siempre nos sorprende. 

Yo, antes de Alpha iba a Misa los domingos, festivos e incluso leía ocasionalmente el Evangelio.

Soy padre de familia de dos hijos preadolescentes y el día a día, con frecuencia, se me hacía cuesta arriba, tenía una visión muy "rasa" de mi vida, tenía que luchar por no caer en la monotonía y, peor aún, no ver a mi familia como una carga. Recuerdo muchas noches acostarme con la sensación de hartura y un poco de desesperanza.

Mi párroco me conocía. Con anterioridad, hacia dos o tres años acudí a algunas sesiones de profundizar en los evangelios, pero me pasaba como a la semilla de la parábola: me faltaba cuajar, quitarme cargas, malas hierbas, vamos.

Cuando me invitó Julio, mi párroco, a Alpha, no podía imaginar qué regalo tan bonito. Y lo mejor fue que también mi mujer se animó a Alpha. Conforme fueron pasando las semanas y profundizábamos en Cristo, sí fui notando cambios, poco a poco. Lo mejor es que retomé el gusto de la vida familiar, lo que antes era carga, ya lo llevo con alegría.

Doy fe de que el yugo es ligero y la carga llevadera. También he ido notando que el Espíritu me da consuelo, luz y consejo.

¡No estamos abandonados!

Alpha se me presentó como una puerta abierta. Una puerta abierta entre mi "casa" (mi alma) y Jesús. Supuso limpiar las ventanas de mi casa y así poder invitar a Jesús a mi alma y con las ventanas limpias ver el exterior (a los demás) como hermanos; hijos de un mismo Dios.

Esa sensación de frescura que da mantener una puerta abierta (abierta a Jesús, a la Fe, a los hermanos) y esa claridad que ilumina mi vida es lo que ha supuesto Alpha.

Te invito a participar en Alpha porque tú también puedes aspirar a una vida más plena, más llena. Ánimo, no estás sólo en este mundo. Descubrirás un Amigo fantástico.

 

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